Origen de los pendientes: te lo contamos todo
Alice de Maison Scarlett
Ya sean valiosos o de bisutería, los pendientes hablan de nosotros. Como nuestros conjuntos de joyas, muestran a los demás nuestra pertenencia a un grupo determinado. A veces son símbolo de amor, pero también pueden ser señal de seducción o incluso de superstición.
Tanto los pendientes colgantes como los pequeños pendientes de botón forman parte de nosotros y de nuestra historia. Revelan, consciente o inconscientemente, aspectos de nuestra personalidad. Discreta o extravagante, esta joya expresa nuestra relación con la feminidad, nuestra sensualidad y nuestra historia.
Lo mismo ocurre con otros accesorios. Pensemos, por ejemplo, en nuestra alianza con diamantes o en nuestro anillo de compromiso, que dicen mucho sobre nuestro estado civil. También sucede con un llamador de ángeles, que pone de relieve nuestra maternidad. Como ves, una sola joya puede revelar mucha información.
Pero entonces, pendientes, aros, botones y criollas: ¿de dónde vienen y qué cuentan?
Índice:
El origen de los pendientes
Nuestra pasión por la joyería viene de lejos. Las joyas nos fascinan desde siempre. Hombres, mujeres y niños: todo el mundo los lleva. Aros XXL y delicadas criollas, colgantes y pequeños pendientes de botón engastados, piercings e incluso dilatadores: los hay de todas las clases y para todos los gustos.Si te digo que Josephine Baker, William Shakespeare, Tutankamón y los minoicos tienen algo en común, ¿me creerías? Y, sin embargo, aunque fueron tan distintos que ni siquiera vivieron en la misma época, compartían algo: ¡todos llevaban pendientes 💎!
Te lo concedo: seguramente su significado y sus materiales eran muy diferentes. Si en una época se hicieron de hueso y bronce, hoy se fabrican principalmente en oro, acero o plata. Los pendientes de bisutería también entraron en escena: menos valiosos, pero con infinitas posibilidades. Esto demuestra que perforarse las orejas es una práctica que ha atravesado los milenios y perdura hasta hoy.
A lo largo de la historia, se les han atribuido muchos poderes. Utilizados como amuletos, algunos médicos recurrían a ellos por las propiedades protectoras y terapéuticas de las gemas y piedras preciosas que llevaban engastadas. Una especie de gemoterapia, en definitiva. Como curiosidad, se pensaba que la piedra de rubí, roja como la sangre, era capaz de detener las hemorragias. ¿Nunca te aconsejó tu abuela pasar un aro de oro sobre un orzuelo ? Estas ideas hablan por sí solas.
Los pendientes de metales preciosos podían, en algunos casos, servir como seguro de vida : los aros de gran valor o adornados con piedras lujosas podían venderse para salir de una situación difícil. Así, un topacio, un ónice, un diamante o un zafiro podían servir de colchón económico.
El mito del pirata con un aro de oro no es solo un cuento para niños. Los piratas sí llevaban la oreja perforada y normalmente lucían una criolla de oro. Así, si su cuerpo aparecía en algún lugar, esos pendientes servían para pagar el funeral del difunto. Por tanto, eran tanto una señal de pertenencia como un objeto útil. Incluso hoy, los marineros lucen un aro en la oreja por superstición y como homenaje a la tradición de su oficio.
Durante mucho tiempo, las joyas fueron símbolo de riqueza y poder. Estaban reservadas a jefes guerreros, reyes y señores, que lucían cetros, coronas y grandes anillos de sello como accesorios ostentosos.
Pendientes y personalidad: aliados para expresar quiénes somos
Con el tiempo, nuestras joyas y, por tanto, nuestros pendientes se han convertido en auténticos símbolos de identidad. Durante mucho tiempo, las mujeres estuvieron sujetas a las convenciones sociales y recibían joyas de sus maridos, amantes o familiares como rito de paso para resaltar su feminidad, sin poder comprárselas ellas mismas. Hoy, romper con esas normas es también un símbolo de emancipación.
Una mujer compra sus propias joyas, lo reivindica y juega con las reglas para afirmar su personalidad. No es raro ver a mujeres que combinan piedras semipreciosas con vaqueros y zapatillas, y consiguen así un estilo más roquero que a menudo dice mucho de su personalidad.
De este modo, dejan entrever con delicadeza su deseo de romper moldes. Asimismo, la alianza ya no es exclusiva de las personas casadas, el collar de perlas ya no es patrimonio de la burguesía y una medalla de bautismo ya no revela necesariamente las creencias religiosas.
Así, a lo largo del tiempo, los pendientes han tenido muchas funciones y poderes. Hoy, como nuestras colecciones de joyas en su conjunto, siguen utilizándose para diferenciarnos, aunque también pueden cumplir una función puramente estética u ornamental.
Nos gusta llevar un collar largo para realzar el escote o lucir adornos de turquesa simplemente porque combinan con nuestros ojos o dan un toque bohemio a nuestro look. Este brazalete es un regalo de nuestra pareja y aquel collar de diamantes heredado tiene un valor sentimental: a veces es tan sencillo como eso. También está muy de moda mezclar elementos y combinar una pulsera con un pendiente de botón y un anillo engastado.
Sin embargo, aunque los significados y las costumbres han cambiado, algunas comunidades aún utilizan las joyas para mostrar sus opiniones políticas o su posición dentro del grupo. Lo mismo ocurre con otros elementos que sirven para diferenciarse, como los tatuajes.
Y tú, ¿para qué llevas pendientes? ¿Solo por estética? ¿Cuentan parte de tu historia o de tus pequeños secretos? Un consejo para quienes quieran que sus colecciones y conjuntos de joyas perduren: guárdalos con cuidado en un joyero. Protegidos del polvo y la humedad, tú también tendrás preciosos tesoros que legar 😊
