La pequeña historia de la relojería
Alice de Maison Scarlett
Mucho más que un oficio, la relojería es un verdadero arte. Si te apasiona y te resultan familiares palabras como «barrilete», «cuerda manual» y «engranajes», es muy probable que este artículo te interese.
Abróchate el cinturón: vamos a sumergirnos poco a poco en los orígenes de la relojería.
Índice:
- Husos horarios y energía solar: las primeras mediciones del tiempo
- De los relojes de sol a los relojes mecánicos
- Desde el Renacimiento hasta los albores del mundo moderno
- La historia de los relojes y su evolución desde el siglo XX
Husos horarios y energía solar: las primeras mediciones del tiempo
La relación entre el ser humano y el Tiempo viene de lejos. ¿Cuántos de nosotros soñamos con desvelar los secretos de este misterio, unas veces para hacerlo retroceder y otras para adelantarse a él, cueste lo que cueste.Es inevitable y, sin embargo, ni se puede tocar ni se puede ver realmente. Sus efectos, no obstante, son indiscutibles. A medida que nuestra piel se arruga y nuestro cabello encanece, no nos queda más remedio que reconocer que el tiempo está pasando.
Relojeras, relojeros e inventores: veamos cómo lograron hacer más perceptible uno de los mecanismos de la vida.
Seguramente no sorprenda a nadie si digo que todo comienza en el Antiguo Egipto, alrededor del siglo XV a. C. Y hay que remontarse precisamente hasta entonces para encontrar vestigios del primer reloj de sol. Este increíble instrumento, de notable elaboración, permite hacer visible el transcurso del día siguiendo la trayectoria de los astros por el cielo.
Después de que el ser humano se encaprichara con la extraña idea de dominar el Tiempo, imposible de controlar, empieza a idear mecanismos nuevos cada vez más avanzados y más precisos, para indicar el transcurso del día y de la noche.
No siempre era fácil esperar a que el sol, además de calentarnos, se dignara a aparecer e iluminar nuestros relojes de sol para hacernos una idea más concreta de la hora.
Entonces aparecen otros objetos, como la clepsidra, también llamada reloj de agua, permitieron medir con gran precisión intervalos breves sin recurrir a la energía solar.
De los relojes de sol a los relojes mecánicos
Aunque ya sabemos que, cuando el sol está en su cenit, es mediodía, las personas tuvieron que reconocer que, por ingeniosos que fueran estos mecanismos, siguen siendo limitados, pues dependen por completo, bien de la energía del sol, bien de la medición de intervalos breves, y no del Tiempo en sentido absoluto.El siglo XIV marca, en la Europa medieval, el comienzo de la alta relojería y de la invención de relojes. Con él llegan la creación y, después, la instalación de los primeros relojes astronómicos.
Una auténtica pequeña revolución: además de conocer los horarios de nuestras jornadas (y, a menudo, de los acontecimientos relacionados con la vida en sociedad), también podemos calcular cuánto duran. Es el nacimiento de una visión mecánica del sistema solar, inspirada en el modelo de Ptolomeo.
A raíz de ello, los artesanos franceses y, después, los suizos buscan desarrollar estos mecanismos y reducir su tamaño para que quepan en las mesas de la alta sociedad. El reloj medieval pronto se convertirá en una pieza de relojería de prestigio, tan refinada como práctica, exhibida más como símbolo de riqueza y poder que como auténtico instrumento para medir el tiempo.
La miniaturización de los relojes medievales dará lugar a mecanismos más pequeños. Relojes con complicaciones y relojes de bolsillo hacen entonces su aparición.
Unos modelos espléndidos, concebidos para seducir a las cortes reales, darán fama rápidamente a los maestros relojeros.
En ese preciso instante, en un torbellino de creatividad e ingenio, la historia de la relojería se convierte en lahistoria de los relojes.
Desde el Renacimiento hasta los albores del mundo moderno
El Renacimiento representa la culminación de este movimiento. Los relojes se transforman en relojes de bolsillo y pronto se adoptan por lo fáciles que son de transportar.El Renacimiento marca también el desplazamiento progresivo del centro de la relojería europea. Desde Francia, a raíz de la revocación del Edicto de Nantes, los relojeros más brillantes huyen a Suiza o Inglaterra. Ginebra y Londres se convierten entonces en las capitales de la relojería de prestigio y precisión.
Sin el interés de las cortes europeas por los cronómetros marinos, la historia de la relojería no habría sido la misma.
En el siglo XVII, el mundo vive una gran efervescencia y los primeros grandes exploradores se embarcan para descubrirlo. Todos los navegantes de la época coinciden: viajar por mar sería mucho más fácil si pudieran calcular su longitud en cualquier momento.
Movidos por el deseo de obtener reconocimiento nacional (y por la perspectiva de una recompensa concedida por el rey), las mentes más brillantes de la época se esfuerzan por idear y producir un cronómetro marino perfecto. Comienza así una carrera por la precisión mecánica que ya no se detendrá.
En el siglo XIX, como en muchos sectores donde la invención se une al comercio, nace una auténtica industria relojera. Con la mecanización del trabajo, las máquinas herramienta, la división del trabajo y la producción en cadena, Europa industrializa la medición del tiempo, que ya no dependerá únicamente del saber hacer de los artesanos y de la manufactura.
La historia de los relojes y su evolución desde el siglo XX
La aparición del reloj de pulsera marca la entrada en el siglo XX. El reloj de bolsillo, fiel joya de las clases elegantes y acomodadas, va siendo sustituido poco a poco por objetos que se sujetan a la muñeca.
A partir de entonces, el reloj se lleva en la muñeca y ya no se separa de nosotros. Pilotos de carreras, aviadores y exploradores modernos observan el paso del tiempo en la pequeña esfera y el segundero que llevan en el brazo.
Si hasta entonces la búsqueda de la medición del Tiempo había conservado siempre su carácter artesanal, en el siglo XX aparece la industria japonesa, que presenta el primer modelo de reloj de cuarzo. La concepción de la relojería como artesanía queda así en entredicho.
Con la fabricación en serie mediante máquinas, el arte de producir relojes mecánicos y sus engranajes va cediendo terreno a los relojes de cuarzo y electrónicos que conocemos hoy.
Un precio más bajo y un nuevo mecanismo: una combinación que convence.
Esto permite que muchas más personas puedan adquirir un reloj. Inevitablemente, Suiza se sumerge en la crisis del cuarzo en los años 70.
Hoy, la revolución tecnológica ha dado paso a la relojería digital. Para muchas personas, la hora solo se consulta en teléfonos móviles y pantallas de ordenador.
Muchos de nuestros contemporáneos, salvo que sean aficionados, probablemente nunca oirán hablar de péndulos, volantes, calibres ni remontuar, y mucho menos de escapes o relojes de péndulo tradicionales.
Ahora, la relojería está conectada. Las reservas de marcha y las complicaciones han dado paso a lo digital y a los relojes resistentes al agua; el cronógrafo se ha convertido en cronómetro y la clepsidra, en temporizador.
La relojería de precisión ya no es lo que era y ya no hace falta un mecánico. Aun así, todos los relojes necesitan una pequeña revisión de vez en cuando. Por suerte, el oficio de relojero aún no está destinado a desaparecer.
Pese a todo, no está todo perdido. Algunas personas siguen viendo una magia increíble en este arte ancestral y se resisten a dejarse arrastrar por el tiempo y sus cambios, olvidando la imagen de su abuelo dando cuerda al reloj y poniendo en marcha sus agujas.
Han aparecido relojes de todo tipo: de cuero, de oro e incluso de acero. Relojes para hombre o para mujer, Swiss made o fabricados en Japón: los hay para todos los gustos.
La relojería ha vivido, por tanto, numerosos cambios y revoluciones. Y todavía le quedan muchos años por delante.
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